Llegó la gozadera: El libro sonidero ya está en las aceras (digitales)

A la Familia Sonidera,

Estuvimos en altamar sin brújula y sin motores, viviendo quiebres pero también sanando, entonces poco a poco comenzamos a reestructurar la nave y comenzamos a avanzar y a mirar, nuevamente, aves volar sobre nuestros cielos azules. Esas aves han sido ustedes, que de una forma u otra manera nos recordaron el camino que habíamos trazado hace tiempo y que había que retomar, entonces por fin llevamos el barco a buen puerto.
Les presentamos el libro electrónico Sonideros en las aceras, véngase la gozadera, al cual aportaron generosamente el fruto de su conocimiento, su trabajo y por supuesto de su vida, porque todos los que colaboramos en esto no nos dedicamos a esto por obligación sino, por fortuna, debido al placer que representa en nuestras vidas. Muchas gracias por su confianza y por su amistad, estamos seguros que este esfuerzo será disfrutado por muchos lectores, y esperamos que también sea criticado.

El libro Sonideros en las aceras, véngase la gozadera se puede descargar gratuitamente desde estos links:

Desde Tumbona Ediciones, una página en pantalla (15MB, PDF), AQUÍ
Desde Media Fire AQUÍ  (15MB, PDF) y AQUÍ 
Dos páginas desplegadas en pantalla, como libro (bien bonito, 15MB), AQUÍ PDF.
En Beyond Digital,  versión una página, baja AQUÍ
Desde Scribd, AQUI
También le pueden dar una ojeada en Issuu
Esperamos tener las versiones para kindles y similares en breve.
Algunos de ustedes estarán con nosotros en la presentación en el Centro Cultural de España este 16 de febrero, otros por razones de distancia no, pero esperamos nos puedan acompañar siguiendo la transmisión en vivo por Sonideros.TV
Ahora sí, como muchos sonideros dicen: Vámonos Palanteeeee !!!
Para lo que se ofrezca, quedamos de ustedes.
Reciban un abrazo colmado de agradecimiento,
Livia Radwanski
Marco Ramírez
Mariana Delgado
Tumbona Ediciones
Compartimos con ustedes otras portadas que consideramos  para el libro:

YO VOLVÍ A VIVIR LA HISTORIA – parte 1

Hace unos días recibimos un comentario en el que nos solicitaban que publicáramos más fotos de los sonidos de antaño… Últmamente hemos estado poniendo videos sobre todo, aprovechando que Alberto Campuzano, nuestro documentalista de a bordo, ha estado produciendo videos sin parar, aunque prometemos que pronto subiremos más materiales fotográficos de Livia Radwanski. En fin, por el momento subiremos más videos, pero cumpliremos de todos modos con el pedido de nuestro lector: lo que verán a continuación son una serie de cápsulas que recogen cuanto se dijo en el evento que La Morena organizó el 30 de julio pasado para agasajar a los sonidos que han hecho la historia del movimiento. En la primera parte de esta serie: Sonido Fascinación padre, Sonido África, Sonido Maracaibo y El legendario Rolas.

Antes de pasar a esos videos, queremos agradecer todos nuestros visitantes y en especial a nuestros comentaristas, que continuamente nos hacen llegar sus opiniones sobre este blog y sobre el proyecto, o comparten con nosotros sus historias, o aprovechan este espacio para difundir sus eventos o promocionar sus servicios. Esta respuesta y esta participación es la recompensa más grande que podemos desear.

Entrevista de Alberto Campuzano a Sonido Dueñez en Monterrey

Alberto, que es colombiano y bailador, estuvo trabajando con la banda de la cumbia villera de Buenos Aires, Argentina, y también anduvo platicando con los sonideros de Monterrey, en donde realizó esta entrevista a Sonido Dueñez.  Cuando la vimos, no pudimos evitar pensar en la entrevista que le hicimos a Enrique Lara de Sonido Maracaibo el año pasado; lamentablemente, esa entrevista la grabamos con un aparato marca patito, pero quedan las fotos  de Mark Powell para hacer constar las coincidencias. Enrique nos platicó de sus comienzos como sonidero, que en su caso se remontan a su madre, que ya en los años cuarenta ponía la música en las fiestas de la Ramos Millán, en Iztacalco;  lo mismo  compartió con nosotros su fórmula para rebajar las revoluciones de la música que tocaba (él limaba una pieza de su tocadiscos) y nos mostró orgulloso su colección de discos (es uno de los comerciantes más importantes de música selecta en el medio), la hilera de trompetas que tiene en su patio… y la bandera de Colombia que adorna su estancia.

Así que celebramos estas coincidencias con esta foto de Enrique Lara tomada por  Mark Powell:

IMG_9785F

Sonideros en el Centro Cultural de España

Los manteles largos se convirtieron en tremendas lonas de de sonidos, asociaciones sonideras, grupos sonideros; colgadas a lo largo y ancho del muro más alto del Centro Cultural España (CCE) encontrado frente a los elevadores del inmueble. Y a un costado al fondo un magnifico rotulado en grises con logos de sonidos, exactamente para dar el recibimiento a todo el público interesado en – parafraseando a uno de los muy nutridos sitios de internet especializados en el tema- la onda sonidera.

Desde temprano se podía sentir el ambiente festivo, sonideros llegando a ver el colgado de sus lonas y el rotulado, en las escaleras los últimos detalles del montaje de fotografías, en la terraza los preparativos para la mesa inaugural: Los sonideros son melómanos sin fin. Y a un costado del restaurant la cabina lista para recibir a “Los ases del tornamesas” (Sonidos Maracaibo, Fajardo y 64).

Cuando se visita el CCE  no usar el elevador para llegar a la terraza tiene su premio; en esta ocasión, es ver más de cien imágenes fotográficas tomadas por Livia Radwanski y Mark Powell, que nos hablan sobre el baile, el equipo, las tradiciones, los personajes, la gráfica, la épica, el cariño y la pasión sonidera. En ellas muchos sonideros se encuentran y se reconocen con admiración y orgullo, muchos de ellos recordando momentos de las entrevistas, las tocadas de la Merced, de Tepito, la procesión sonidera a la villa, la fiesta en el Chamizal y las entrevistas con las que han colaborado y/o apoyado al Proyecto Sonidero.

En el camino escalonado a la terraza del CCE, también encontramos el altar sonidero a la Gudalupana, un video de los documentado por el equipo de El Proyecto Sonidero, una muestra de equipo sonidero de finales de principio de los años sesenta y un pegado de carteles de tocadas, y pronto encontraremos también el dispositivo sonidero de Abraham Curzvillegas artista contemporáneo pero más bien gustoso de la estética sonidera.

A las 19:00hrs en punto llego el momento de iniciar la actividad, Mariana Delgado y yo, contentos y nerviosos pero listos para iniciar la mesa con Manuel “Sonorámico”, Enrique “Maracaibo” Miguel Ángel “Fajardo”. Ellos nos platicaron de sus inicios como devoradores de música y también de su historia como sonideros, de las míticas y preciadas joyas. De los personajes que ofertaban la música que no se podía encontrar en otra parte, de los primeros viajes a Latinoamérica donde iban de pueblo en pueblo en busca de la preciada música, de aquellos posibles éxitos que eran medidos con base en la reacción de la gente en las tocadas. Después pasamos a las preguntas y comentarios del público asistente donde el cierre se lo llevo Lupita la Cigarrita, quien abundo en admiración y respeto a los maestros que hoy nos hacían favor de compartir sus conocimientos en esta noche y que para cada cual tuvo una breve anécdota, como la que dedicadó a Fajardo con su sonido Marlboro, ya que hace ya algunos años, Fajardo conducía una camioneta de la mencionada compañía donde él trabajaba y que llevaba a todas las tocadas para trasladar su sonido.

Al terminar sin tardanza pasamos al baile, para el cual ya ha muchos se les quemaban las habas, el club de baile de Los Patos estaba vestido de luces para dar su exhibición que fue fenomenal, a Mariana no le faltó quién para engancharla a la rueda y bailar con uno, con dos con tres y con todos los que se pudo al ritmo de la canción Despabílate Mariana en una terraza abarrotada de gente.

La cabina estaba atestada de los seguidores pidiendo saludos y canciones mientras Los Ases barajeaban sus mejores discos para hacernos bailar y aunque yo no estuve en la rueda sí me eché una piececita.  La terraza estaba a reventar, unos bailando, otros mirando, otros dando un meneíto en pie o cadera, unos más fotografiando y otros haciendo video, documentando parte de este presente sonidero, esta noche de fiesta en que un espacio como el CCE abrió sus puertas a la familia sonidera.

El disfrute de este día, y de los que le han seguido, ha sido grandioso, pero el proceso para llegar a este gran día fue sumamente arduo, el trabajo de producción fue brutal sino pregúntenselo a Mariana Delgado que se llevó, como dije al empezar la mesa inaugural, una verdadera chinga, y que de no ser por su tenacidad y arrojo y el apoyo de la familia sonidera, no se hubiesen cristalizado.

Saludos a todos los sonideros presentes hoy y siempre…


Marco Ramírez

El Proyecto Sonidero



Cortesía de dirtyverbs

Bajo el efecto sonidero: PRESENTE CIEN POR CIENTO

Por Mariana Delgado

Fotos de Mark Powell

Ah.

Por si alguien duda a todo esto que Mexico City es Tenochtitlán y viceversa….

1.

img_74351

A media noche Marco Ramírez, Mark Powell y yo damos vueltas por Circuito Interior en el auto semi gris de Roberto Martínez, el Presidente de la Fraternidad Universal de Sonideros, que agrupa a cerca de sesenta sonidos de los más de seiscientos que hay en la ciudad de México. Nos dirigimos al salón del auténtico y original Sonido Maracaibo, en donde nos esperan los bailarines más finos y la música más selecta, en tornamesas como antaño. No encontramos el corralón de Iztacalco que es nuestra única referencia. Los policías que están parados en las esquinas no saben nada. Ajá. Esto está bueno: corralón es la denominación popular para el depósito vehicular al que las grúas de tránsito llevan los autos mal estacionados.

Vamos y regresamos de Purísima a Río de la Piedad y no nos hacemos mejores. En determinado momento, el auto se detiene para evitar un puente que conduce al aeropuerto y Roberto mete reversa: retrocedemos treinta metros por el carril central para tomar la lateral y dar vuelta en U. En esos treinta metros nos hacemos conscientes del grado entrópico de todas las cosas: los tacos de bistec en la canasta, las motos estacionadas en medio circuito interior,  la risa cachonda de sus ocupantes,  la botella de cerveza que revienta contra el pavimento y  la cara gorda del policía. Estamos más vivos que nunca.

Eventualmente damos con el corralón y doblamos a la derecha. Tres cuadras más adentro nos espera un hombre que pasea a dos poodles amarillentos: él sabe en dónde está el salón.

img_74711

2.

img_7896

Asistir a un baile sonidero por primera vez es asistir al desconcierto. Es fascinante descubrir la combinación tenaz de luces robóticas y luces aztecas, el conjunto heterodoxo de sonidos que emerge con máxima potencia de baffles inauditos y amplificadores de última apilados frente a los racks. Antecedida por una balacera de efectos llega la voz del sonidero, electrónicamente distorsionada hasta alcanzar una cualidad sobrehumana, para hacer las presentaciones y envíar los saludos y mensajes que el público remite a cabina en papelitos que repiten: presente cien por ciento. Los mensajes van de  Atizapunk a Chimalwakee a Puebla York y los géneros musicales se suceden unos a otros en secuencias espasmódicas, hasta que llega para quedarse el género que es distintivo y los bailarines comienzan a bailar. 

Se provoca esta sensación de momento que es la más excitante de todas las cosas excitantes.

Los bailarines son la cereza. En medio de una rueda de admiradores, ejecutan las coreografías que ensayan en sus clubes. Sus movimientos van separados, son espaciales y lucidos; dependiendo del género de música son más intrépidos o más cadenciosos. En el interior de esa rueda fluyen todas las categorías: señoras, oficinistas, travestis, muchachos y muchachas, señores, emos y gays bailan de a dos y tres sin que esto cause revuelo. No baila cualquiera, baila el que tiene un verdadero ímpetu en sí mismo, que despliega para los demás.

El highenergy se hace sonidero en los ochentas, se queda en los noventas y retumba en este momento. La malla sintética que cubre el torso del bailarín está mojada y sus piernas sacuden rítmicamente los pantalones abombados como las peras, ceñidos a la cintura con una banda ancha de tela reluciente. En frente suyo, despegan del suelo las botas de la bailarina, se suspende su cabello negro en el aire y su escote se promete un instante. Brillan todas sus aplicaciones de diamantes.

 

3.

img_7824

Comúnmente se describe a los sonideros como los deejays de México: en su sentido más creativo, están unidos por la distancia que guardan con la simple mecánica de poner discos. Ambos irrumpen dentro de los espacios expresivos con un performance complejo mediado por la tecnología  que reclama para sí la atención. Eso siempre que se entienda que en cada punto del planeta se da un modo infinito que no es un cómputo sino un suceso híbrido: práctico, táctico y heroico. La necesidad es la madre de todas las cosas. 

Desde los cuarenta pero sobre todo a finales de los cincuenta, los sonideros comienzan  a animar los bailes en vecindades, calles y salones populares de la ciudad de México.  Sustituyendo a los tradicionales tríos, grupos y bandas, se presentan en quince años, bautismos, fiestas patronales, bodas y aniversarios de todo tipo. Los bailes sonideros responden a la necesidad de celebrar esta vida y se constituyen en espacios de expresión, innovación, participación y comunicación comunitaria.

En un inicio usan equipos de sonido que intervienen para que tengan más potencia y no se revienten cuando salta la corriente; amplifican la música con trompetas. Pronto se hacen de una iluminación tenaz: construyen dispositivos de luces multicolores con reflectores de Volkswagen y de avioneta que ponen a girar con un motor de limpiador. Tocan música que no es popular pero se valida y consolida en  México gracias a ellos: principalmente cumbias, guarachacas y sones montunos que llegan desde Colombia (y también de Venezuela, de Perú, del Ecuador, de Puerto Rico)  en ejemplares contados. Son ellos los que cambian la velocidad de revolución de la cumbia y crean el ritmo lento que demanda una región con cadencia de danzón. 

Desde que se comienzan a extender los bailes animados por las discos móviles, los sonideros han recorrido un largo camino. Hoy sonidos famosos como la Changa, el Cóndor o Polymarchs se presentan en México y los Estados Unidos ante audiencias masivas de migrantes y no migrantes con equipos de sonido igualmente masivos que se desplazan por las carreteras en trailers. 

Desde luego este conjunto de flujos se traduce a la estética sonidera, que conjuga íconos como las banderas con imágenes tropicales, y emblemas industriales con símbolos religiosos en logos, tarjetas, carteles, banners, revistas, y páginas de internet. Hasta hace poco, la página del Cóndor tiene la siguiente introducción : un trailer cruza la frontera con música de fondo de la guerra de las galaxias, al tiempo en que la cara del Che Guevara se alza en el horizonte. En su versión actualizada la animación transita de Tenochtitlán de toque tailandés a una ciudad de México de futuro atlántico. La flanquean las fechas de presentaciones en la Unión Americana; cuando haces click, estallan las bombas de humo.

 

img_7941

4. 


img_7084

Tomamos el metro temprano en dirección a Ciudad Azteca y bajamos en  la estación Impulsión, en la periferia de la ciudad. Mientras esperamos el pesero que demora, fumamos y observamos el pegoste de carteles sonideros que engorda las columnas de los puentes; celebramos. En la colonia Valle de Aragón hay una fila de árboles con troncos pintados de rosado y varias tiendas de electrodomésticos de la cadena Elektra, que electrocuta a los vecinos en cómodas cuotas semanales. Vamos a visitar a Miguel Ángel Fajardo a su casa para platicar sobre el movimiento; Patricia, su esposa, nos recibe con café con leche y pan dulce y manda a traer de la calle muchos huaraches de bistec. Durante el desayuno, acaricia la espalda chamuscada de su nieto con sus uñas pintadas con rayos y centellas.

Fajardo, el Príncipe de los Sonideros, es de la primera generación,  comienza en Peñón de los Baños que es el segundo semillero importante junto con Tepito. Se acaba de jubilar después de conducir un camión repartidor de la Philip Morris por treinta y ocho años. Como sonidero lleva treinta y cuatro años y conserva la pasión por los viniles que atesora junto a los Tequendamas, como se llama el reconocimiento sonidero más importante. Nos enseña generoso su colección de discos y carteles, equipo, chamarras y fotos. 

En los setentas, con la música pasa como con los relojes: llega un reloj muy bonito y todo mundo pregunta en dónde te lo compraste. No pues que en la fayuca de Tepito. Con los estéreos es igual, porque en ese tiempo no hay estéreos en las mueblerías ni en las tiendas. La gente dice aun más que ahora: vete a Tepito y lo consigues. En su mercado se expenden, en medio un mar de puestos cubiertos por plástico, lona y lámina, un sinfín de productos ilegales: falsificados, contrabandeados o robados.  El gobierno de la ciudad combate esta ilegalidad reduciendo vecindades enteras a polvo.

En Tepito vive entonces Samuel Gómez, que viaja mucho a Colombia y Venezuela y conoce muchos grupos. Él descubre a Aurita Castillo, la niña de doce años que canta Chambacú y vende sus discos carísimos, pero los sonidos juntan y los pagan porque el sello es fuentes. Después Peerless comienza a editar a Fuentes en México, como los Marlboro; Peerless también graba discos de la Sonora Matancera que son más económicos, como los Broadway, y se vuelven un trancazo. Samuel Gómez, que en paz descanse, se cae de la ventana de su casa.

El hijo de Fajardo también es sonidero. Toca mucho en provincia y ha llegado hasta Tijuana, en donde se presenta en el salón Las Pulgas. Le entra a géneros más comerciales: música electrónica, reggetón, el merengue que está muy fuerte. El nieto de Fajardo tiene cuatro y acompaña a su abuelo en los recorridos que hace para vocear; toma el micrófono y se anuncia por el altavoz: Sonido Yeyé Colitas. 

 

img_7170

5.


img_8038


Roberto  Martínez es como un pixie pero es mejor que un pixie: es el legendario Sonido Corimbo Chambelé de San Andrés Totepilco. 

A finales de los setenta o principios de los ochenta empieza a hacer tardeadas en Tláhuac. Arma rings en la calle: pone cuatro palos y les da vuelta con lazo para que la gente no se meta sin pagar, igual se mete pero menos. La luz se toma de la calle y las trompetas se cuelgan de los postes; en una ocasión se cae una trompeta pero no mata a nadie. Le va bien, a sus bailes acuden mil quinientas personas, tiene variedades. Cuando baila su primera pareja especial se produce automáticamente la rueda. A los jotos también los prende El boogie de la trompeta y no paran de bailar con Las sonatas parlanchinas; también producen ruedas. A la gente le gusta ver aunque no a toda. Por si acaso, Corimbo Chambelé anuncia el arribo de los jotos por micrófono:  “Acaban de llegar los amigos de Plutón ¡los plutonianos! Vamos a saludarlos con este tema…”

Como todos los sonideros, compra y compra: equipo a plazos en La Merced y música con El Hombre Biónico, una camioneta primero y un torton después, según crece el patrimonio. Vive al día pero está bien. Hasta que llega el terremoto del ochenta y cinco y le parte la madre: su hijo acaba de nacer y debe pagar una cesárea. Se caen las vecindades de Tepito, la Guerrero y la Doctores; los bailes se cancelan. Hay un montón de muertos, está cabrón, recorre las colonias y están todos muertos. Es un cambio fuerte para el movimiento sonidero.

Tepito se vuelve punk y le entra al slam. Se pone heavy. Un chamaco llega al baile con una rondana metálica amarrada a un hilo de pescar y se chinga a tres güeyes. El barrio de Tepito se hace más bravo: aparecen las bandas. 

En medio de los  plomazos, los sonideros izan como pueden su bandera blanca. 

6.

img_77451

Al final de la noche el auto  semi gris se descompone en Durango y Roberto se queda a dormir en él. A las diez de la mañana ha conseguido dos mecánicos que reptan por turnos y a las doce ha conseguido conducir hasta Tláhuac sin clutch.

Ese sábado deja un varo en el auto y no vende tacos en el centro pero Roberto el pixie sonríe con sus lentes puestos. Nos vemos el próximo domingo ahí por el monumento a Lázaro Cárdenas; se arman pachangas sonideras y dicen que cierran la calle con láminas metálicas.

Sí.

Nadie duda de que Roma es en efecto Roma. En México la superposición no es más que el argumento aparente. Esto que vibra intensamente es Tenochtitlán inmanente: aquí nos alumbra un sol número cinco. Esto es poscósmico. Esto es el ur-futur.

Sonideros, primera entrega: Encuentros Sonoros

Por Marco Ramírez

Fotos de Mark Powell

 

Una entrevista, un proyecto, una pasión… y por el puritito gusto de echar desmadre. 

Mariana libreta y grabadora en mano. Mark su camisa de la suerte y cámara bajo la misma. Salto del Agua y Eje Central, llegué algo tarde, Mariana estaba ya ahí, a un costado de la entrada del metro, el aire sabroso le movía levemente el cabello fresco, relucía, yo no me duché, me dió güeva aunque me sentía arrepentido por el calor de la mañana y el ajetreo, que  me dejaron el  cuerpo medio pegajoso. Mark, también estaba duchado al llegar.  

Por la mañana visitamos a Sonido Fajardo, de Miguel Ángel Fajardo, en su casa, allá por Aragón donde atesora equipo viejo, discos, Tequendamas y otros reconocimientos, souvenirs y sus preciosos carteles. Siempre amable él, junto con  su esposa, hijos y nieto, nos invitó a desayunar unos tremendos guaraches con bistec con una salsa bastante picosa, unos vasos de leche con café y un rico pan, mientras su hijo nos platicaba la onda de ser dj-tiene su estilo- muy diferente al sonidero de las tocadas en los barrios y en las calles, él es el relevo generacional. Sonido Fajardo, el Príncipe de los Sonidos, ya no está en esos terrenos ahora su onda son las fiesta de salón, Miguel Ángel casi ya no cabinea, pero el hijo se da vuelo. No le va mal, incluso a tocado en diferentes estados de la república, nos habla de un lugar en Tijuana si no recuerdo mal, un antro en donde una vez al mes invitan a tocar a un dj sonidero, debe estar chido. Esto último lo contó en ausencia de su padre, Fajardo salió de la casa rumbo a un hospital, su hermano está algo enfermo, no lo va a visitar, le va a apartar un lugar de estacionamiento para cuando llegue.

 

img_72911

img_7199

El hijo, Miguelito, nos pone música pa’ fondear la charla , aún estamos en el comedor  echándonos al plato esos guaraches, Mark y yo la traemos atrasada, sí nos atendimos en grande, Mariana chica delgada y de cuerpo de “medio buenona” como ella misma dice sólo se echó uno y su cafecito. Hago mi petición musical  y pido una de las colombianitas: Cuerpo sin alma. “Una bonita melodía” o “una bonita pieza” como diría cualquier sonidero veterano, como muchas veces he escuchado a Fajardo decir –con una mezcla de seriedad y emoción que imprime en sus gestos y su voz- de una canción que le gusta y que, cualquier sonidero que se digne de serlo, puede considerar dentro de la categoría de hits que llegaron para nunca desaparecer de nuestros oídos, de nuestros bailes.  Más tarde, en cuanto vuelve Fajardo Mark hace una tanda de fotos, hasta al nieto le toca, otras las realiza en las habitaciones donde están otros aparatos de sonido, unas más en el camión donde se transporta el equipo Fajardo, es una fiesta, la familia está feliz compartiéndonos sus memorias, sus tesoros, la memoria de un sonido fundador del movimiento, de una tradición invaluable, pero lo más pegajoso contagioso endémico es su pasión por SER sonideros. 

img_7144

img_7127

Saludo a Mariana beso en el cachete y le menciono que qué rico que se bañó, se ríe con todo su rostro, brillan sus ojos, sus dientes, sus mejillas se rebozan. Le pregunto por Mark, “ya no debe tardar” me dice. Suena mi teléfono, es un amigo que dejó su estéreo un día antes en mi casa, a donde fuimos a parar él, Gaby y Héctor después de unas tremendas chelas en el River Plate, aún siento el desvelo y algo de la resaca.  “Mariana, aguántame, voy a dejar algo a un cuate que está acá delante y regreso”. Troto un poco, el tráfico se agolpa detrás del auto de David que se está orillando sobre Eje Central, lo saludo y noto que está crudo pero perfectamente trajeado, abre la cajuela del auto y tomo una bolsa de mezclilla de librería sótano, le doy su estéreo y observo que Gaby dejo en el asiento trasero la rosa (ahora marchita) que le mandó el barman del Río de la Plata, “Bongo”. Nos despedimos y regreso pronto a donde Mariana, pero se ha movido de lugar, no la veo, paro y barro con la mirada mis cercanías de derecha a izquierda… ahí está y  Mark con ella, sonríen al verme y riendo les digo: ya se iban sin mi. Claro que no parecen decirme con sus sonrisas, me estaban buscando, saludo a Mark y ella me pregunta que traigo en mi bolsa. No es mía, le digo, es de un amigo que la dejó en el coche de otro cuate, al que fui a ver. Noche de olvidos.  

Vamos hacia Plaza Meave, bueno, a un costado, escasea la luz y en el camino hay mucha basura; es la presencia que a su paso deja el consumo en la zona, cerca está un nicho dedicado a la virgen y a un costado vende sus tacos Roberto Martínez, mejor conocido como Corimbo Chambele. Veo el nicho y les digo: No está, debe andar por aquí, seguimos avanzado casi llegando a donde una tienda por donde luego también rola. Tampoco. Nos detenemos y giramos de vuelta.

 

img_74142

img_73361

Volteamos hacia Eje Central y viene un darka gris (o que era gris) de finales de los setentas, se acerca más y veo en su interior a Roberto, me sonrío y les anuncio que ahí viene señalándolo, Mark afirma con un movimiento de cabeza que se da por enterado mientras echa un vistazo rápido al entorno buscando imágenes, y Mariana se alegra diciendo qué bueno, ya lo conoce, de él todo se puede esperar incluido que no llegue o llegue muy tarde a un cita, Corimbo no es precisamente el Rey de la puntualidad a menos que no sea sarcásticamente hablando, pero eso sí siempre tiene la forma de compensar las cosas. Nos ve y desacelera, me acerco a la ventanilla del copiloto, él se estira para bajar el cristal:

-Qué pasó carnal, aguántame háganse para allá, y señala el fondo de la calle donde se ve la puerta abierta de una vecindad. 

Se estaciona frente a la puerta y se apea del auto, efusivamente sonriente me saluda y abraza, ve a Mariana y le toma una de sus manos entre las dos suyas para saludarla cariñosamente con un sonoro ¡Marianita!, le presentamos a Mark y Roberto corresponde con un qué pasó mi carnal, sin parar de sonreír. Le decimos que onda a Roberto con la entrevista y que iremos a una cantina que esta a espaldas del edificio de GDF. Le pregunto a Roberto por una tocada que alguna vez realizaría en el interior de esa vecindad, no se armó esa pero sí otra por el festejo de unos quinceaños o algo así. Nos asomamos con él, es un patio enorme rodeado de casas de techo alto, nos tomamos unas fotos, unas buenas imágenes sentados en un escalón que es el borde para entrar al enorme patio. Aquella tocada no se armó fue porque los vecinos no completaron la vaca para pagarle, otra ocasión sí lo hicieron y se puso muy suave. En vecindades como éstas nació el movimiento sonidero, su arquitectura  detonante de la convivencia, de la fiesta, del cotorreo, fue un factor importante para el nacimiento de las fiestas sonideras, después sus dimensiones fueron insuficientes y lo que siguió fue tomar las calles.

img_7365

img_73831

 

Caminamos rumbo a la cantina, la calle está medio en ruinas, medio en obra, la están remodelando, Roberto bromea con Mariana, le cede el paso para que no pisen al mismo tiempo, cada uno en un extremo, un madero, no vaya a ser que ella salga catapultada, dice y se carcajea jajajaja. Mariana opina que Roberto es un niñote, la apoyo, sí lo es. Roberto ríe, canta hace unos pasos de baile, bromea a lo largo de toda plática y si entona una canción que le importe resaltar para soundtrackear nuestro camino, el relato lo hace con un gusto tal que pareciera que está viviendo nuevamente el momento en que escucho por primera vez una  bonita melodía rematando el anuncio de esta con un:  “¡¡¡Cocococoooorimbooo!!!” Sin faltar los sonidos de arrastre del disco pa tras y pa delante.

 

Arribamos a la cantina de los carteles, bueno era de los carteles, le quitaron bastantes, entrabas y te mareabas de tanta cartulina flourecente ofreciendo tragos de variedades infinitas y alimentos, y sus cuatro hélices de ventiladores de techo y al fondo una ñora de cajera con un atuendo algo llamativo, lentes enormes, cabello morado y blusa multicolor. Mariana y Mark dicen que nos adelantemos, encienden un cigarrito antes de entrar, costumbre que muchos fumadores habrán tomado ya a partir de la ley antitabaco que más bien es antifumadores. Decidimos esperarlos,  yo observo a una hermosa oriental de vestido volado y diminuto que flota un poco con el aire, es bella, va hacia el sur pasa frente a nosotros y se detiene del otro lado de la calle y pregunta algo, le dan indicaciones y regresa sobre sus pasos, la pierdo de vista y ellos ya terminaron sus cigarros. Mientras Roberto abunda en datos sobre su vida en espiral dentro del mundo sonidero, sus inicios con un sonido prestado, sus cuerdas que formaban un gran ring en la calle de modo de cercar una área de baile y acceso pagado en lo que era un baldío el cual los vecinos transformaron en unas canchas de básquet sin dejar de solicitarle un apoyo económico a Corimbo –Roberto habla de él en tercera persona- que sacaba beneficio con las tocadas cobradas en dicho espacio. Muchos se colaban dice Roberto, “al principio funcionaba pero después las pinches cuerdas se caían o la gente se colaba a través de ellas o de plano bailaba fuera del área”. Total la música flotaba en el ambiente.  Bien, dice Mariana, ahora si vayamos para adentro. Tomamos una mesa al fondo del lugar a un costado de la barra, una piña colada para Mariana, dos palomas para Roberto y Marc. Yo una sangría, la sirven bien aquí. 

- Roberto, síguenos contando de cómo iniciaste, qué pasó después de lo de las cuerdas, y enciende su a grabadora. Pues sí, dice Roberto…

“Mi padrino fue la Changa, es una gran persona y le admiro, pero la verdad nunca me he colgado de él, gracias a Dios me comenzó a ir muy bien y compre equipo y mi camión, tocaba no sólo los fines de semana sino también entre semana y por toda la ciudad, también salía algunos estados pero lo chido era acá… Pero las cosas en los ochentas no fueron tan bien, después del temblor del 85 nada fue igual, mucha gente murió”, nos dice con tristeza.  Chambelé lo dice bien, en aquel temblor las principales colonias afectadas eran populares (la Obrera, Doctores, Tepito, Merced, etc.), muchas vecindades se cayeron. Y luego las bandas, las bandas estaban en otra onda, había broncas… “y luego la gente decía que nosotros teníamos la culpa de los desmadres, pero nosotros (los sonideros) sólo queríamos ir a tocar, a que la gente se divirtiera sanamente, bailaran y cotorrearan, tú sabes… Había banda muy loca, recuerdo que una vez que ya habíamos terminado y estábamos por desconectar pero nos estaban chingue y chingue, incluso nos ofrecían pagarnos más lana pero que pusiéremos una rolla, esa que…” y comienza a tararear una rola de La Granja con la que se armaban los slams…  “y esa la banda traían un chingo de mota y me pusieron el plomo y yo le dije: Chale carnalito, nosotros nomás venimos a tocar y la neta ya terminamos, danos chance… Total que mejor se las acabé poniendo y comenzaron a bailar empujándose, un chavo sacó un cordón con una tuerca amarrada en un extremo y se metió entre la gente girándola como una polea y bolas le empezó a dar a varios, recuerdo que le pegó a una chava y  a uno le dio en la frente y se armaron los madrazos, le tundieron al de la tuerca pero entonces éste (el de la tuerca) salió volado y regresó con su flota y un plomo, se puso cabrón y nosotros nomás nos metimos atrás de los aparatos. Hubo tres muertitos. Con los que se habían golpeado y salieron corriendo los alcanzaron en la avenida y ahí los quebraron”.

 

Más tarde pasaremos por la calle donde fue el tiro aquel. Corimbo nos dirá “mira, fue por aquí, en esa calle hacíamos las tocadas… eran unos reventones bien chidos…. pero valió madre después de esa ocasión carnalito, mira ahí cayó el primero, acá estaba otro y hasta acá (tres cuadras después) estaba el último…”.

“Después a mi me fue mal, volteé mi camión, veníamos de una tocada, mi chavo venía manejando, no se cómo fue pero fuimos a dar contra un árbol, me decían que me pelara pero pus mi equipo, no manches ahí estaba todo mi equipo y mi camión ni modo que dejara todo, lo malo es que ni licencia traía, ni los papeles, así que la tira se puso bien cabrona, decían que me lo había robado y yo les decía que no que era mi camión y mi equipo pero no traía los documentos el equipo lo compraba uno así nada mas y  del camión los había dejado en la casa. Ya ves como son, pues acabaron llevándome a la delegación, ahí me enceraron, pero mira Diosito no me abandonó porque cuando llegó el cambio de turno resulto que el  ministerio era mi cuate, tuve que pagar una lana pero ya no fue tanto, me querían cobrar un chingo, principalmente por daños a la nación… pero al final la libre carnal, sí, mi Diosito nunca se olvida de mi”.

El semblante de Corimbo Chambelé cambia, se pone triste, se acentúan sus pequeñas cicatrices en sus cejas de la época en que boxeó, su padre lo entrenaba, fue unos de los mejores, su mirada es profunda y dice:  “Pero cuando Corimbo dejó de ser él mismo fue cuando una chava murió afuera de una de mis tocadas, en la fiesta discutió con el novio, quien sabe qué onda traían, él salió y la dejó en la fiesta y se escondió afuera para ver la reacción de ella, ella salió volando tras de él y se atravesó la calle sin fijarse, la atropello un auto, yo me sentí culpable”.

Corimbo nos relata cómo perdió otro camión. Él realizaba una entrega de premios de la Fraternidad Universal de Sonideros en México, en el salón Gran Forum, famoso por sus fiesta de baile donde tocan gruperos, sonideros y de todo. La entrega consistía en un reconocimiento realizado en un acetato, una cena baile donde las mantas de los sonidos forraban el interior del salón, y una reina anual de sonideros, creo que la última reina había sido Luz Elena González.  Se desfalcó una ocasión organizando el evento y acabo vendiendo el camión y el equipo.

Vamos a una fiesta con mi carnal Enrique Lara de sonido Maracaibo, nos dice sonriente y nosotros pus apuntados y encaminados  con la historia del Corimbo y los tragos, que no eran muchos pero sí suficientes para animar a cualquiera. 

img_73922

img_74301

Caminamos de vuelta a donde se estacionó Chambele, en el camino encontramos unos carteles de una tocada y también a un vato con una chamarra forrada de logos de sonidos y corte de cabello buki que platica con otro cuate, frente a ellos dos coches con las puertas abiertas y más gente esperándolos, Mark le toma unas fotos. 

 

En la contra esquina donde esta el auto compramos un six de chelas para el camino, no para nosotros jajaja. Abordamos el coche, Mark atrás, Mariana y yo al frente, y salimos rumbo a Ixtacalco, la tierra de Maracaibo.  En el camino la peripecia, nos detiene un patrullero al vernos empinarnos un trago, Roberto maneja la situación, discute unos minutos con el poli pero al final nos vamos. “Vale madre – dice Corimbo – ni modo, ahorita llegamos. Pinches weyes si sólo viene uno tomando una chelita tranquilamente”. 

img_74371

No recuerda Corimbo cómo llegar, mientras nos habla de Enrique, un carnalazo, y tipazo diría yo después de conocerlo. Avanzamos por un carril central y Roberto sigue sin reconocer la zona, ya nos pasamos dice, frena y nos damos un reversazo de 50 metros o más para tomar la lateral y poder dar vuelta en U  sobre Churubusco, seguimos bebiendo, preguntamos a unas personas pero nada, damos  otra vuelta en U para regresarnos al sur y en la esquina van unos policías caminando, nos orillamos y bajamos las chelas donde no se vean y les pregunta a boca de jarro: “¡Oigan! ¿Pa donde está el depósito de autos?”. Se miran entre ellos antes de contestar y nos indican seguir y más adelante dar otra vuelta en U pero ahora dirección el aeropuerto, y entrar  a la lateral. Adelante lo verán, dicen.  A fuerza carnal, ya de ahí me acuerdo, les da las gracias, arranca Roberto y casi al mismo tiempo avienta por la ventana la cerveza, se escucha como rebota varias veces antes de quebrarse. Nos reímos.

img_74811img_7583

 

 

Llegamos al salón, sonido Maracaibo ya no toca en las calles cotidianamente, sólo una que otra ocasión como cuando hace el paseo de la virgen en su colonia. El salón es pequeño pero está lleno de bailadores y bailadoras, el ambiente está rico, Enrique Lara con sus tornamesas de los sesentas y sus acetatos, eso sí era un retro.  Mark toma fotos, la gente no para de bailar, algo de tibiri un poco en línea un carrusel, sones, y así se la van llevando, pocos beben; es más bien un salón para los gustosos del baile con el viejo estilo del sonido. Maracaibo es también de los de antaño, compadre de la Changa, pero él casi no manda saludos, su dinámica es diferente, le da más espacio a la música. Ese día casi no charlamos con él pero nos citamos para luego caerle en su casa donde nos da la gata sorpresa de mostrarnos su gran colección de discos, y cuando digo gran es gran colección de discos nos muestra tres anaqueles atiborrados de discos y sabe dónde está cada cual, menciona que tiene un cuarto más lleno de cajas de huevos pero con disco dentro, unos incluso ni los ha abierto conservan el empaque original. Nos muestra también unos discos de pasta, recios y pesados. Los tornamesas modificados para cambiar la velocidad, las trompetas, nos platica su historia de vida, lo duro que se las vio cuando se tiró alcohol y nos dice “No me da pena platicarlo porque gracias a Dios logré salir de ahí”. Enrique protagonizó una gran historia dentro del ambiente sonidero, lo que fue un mano a mano sonido contra sonido, fueron tres jornadas de tocadas una acá en Ixtacalco, la otra en Peñón de los Baños (donde se dice nació el movimiento sonidero peleándoselo con Tepito), la tercera cerca de ahí, de donde Maracaibo salió vencido, regresando a casa sólo con unos discos que pertenecían a su madre quien es una de las pocas mujeres sonideras con mayor antigüedad. Pero Maracaibo regresó, porque la pasión de los sonideros por la música el barrio y la gente bailadora, es infinitamente estoica. 

 img_7461